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¿Por qué las bodas ahora son más caras?

Foto: Kevin Mullins Photographer

Según ABC.es, el gasto medio de una boda en España es de unos 22.000 euros. No obstante, aunque la gran mayoría de la gente sabe que una boda conlleva gastos inevitables, algunas parejas se quejan de que, cuando pronuncian la palabra “boda”, muchos de los servicios se incrementan como por arte de magia frente a los precios que obtendrían si se tratara de una “fiesta familiar” el mismo día y en el mismo espacio. Vamos a analizar cuál es la realidad y por qué una boda no puede ser tratada como una fiesta familiar más.

1. Espacio de celebración

Si tenemos en cuenta el tipo de espacios de celebración preferidos para los novios que siguen siendo las fincas, palacetes y espacios exclusivos donde celebrar su boda única, hay que apuntar que estos espacios únicamente tienen bodas durante cinco o seis meses al año ya que las bodas en España, en los últimos años, se han convertido en algo estacional, comenzando a finales de marzo, y finalizando a principios de octubre.

Sin embargo, un espacio que cuenta con amplios jardines, con hectáreas de espacio al aire libre, con instalaciones que sólo se utilizan durante las bodas, no puede estar abandonado durante los meses en los que no hay bodas. Porque, para que una pareja pueda casarse en junio en una finca, el resto de meses ha estado abierta con el consiguiente mantenimiento (personal de jardinería, arreglos constantes para la perfecta conservación de las instalaciones, vigilancia y demás cuidados, por no hablar de gastos de electricidad, impuestos…), por no mencionar la prueba de menú que también requiere de mucha organización y que conlleva gastos extra para el establecimiento.

Si pensamos detenidamente lo que cuesta mantener espacios de esta naturaleza, no nos parecen tan caros los menús ni la cuota de alquiler. Una alternativa es celebrarlo en un restaurante donde los menús se incrementarán en función del número de invitados (más personal, más tiempo de atención, más previsión y supervisión, y más ocupación de espacio) pero no será tan notable como en otro tipo de espacios de celebración. En este caso, aunque el precio no se incremente tanto, los novios no podrán disfrutar de exclusividad en su boda y coincidirán con otras parejas o con otros clientes del restaurante.

2. Fotógrafo

Aunque fotógrafos hay muchos, realmente hay pocos buenos que estén especializados en bodas. Si los fotógrafos especializados en bodas se dedicarán a otro tipo de reportajes, perderían su buen hacer y su especialización y las parejas no encontrarían auténticos profesionales el día de su boda. Para que una pareja pueda contratar un fotógrafo para su boda, que sea profesional y con experiencia y disponibilidad absoluta, ha de acudir a un experto especializado en bodas.

Y, para que la disponibilidad de este profesional sea total, los precios no pueden ser los mismos que si se tratara de una fiesta de cumpleaños u otro evento parecido. Además, cuentan con equipos de primera, con baterías de sobra, siempre tienen un plan B, y suelen tener un equipo humano para atender la demanda sea cual sea.

Si el precio fuera el mismo que cuando acudimos a un fotógrafo a hacernos una fotografía para el DNI, entonces los fotógrafos no se especializarían, se quedarían realizando fotos de carné, más fácil, sin problemas de ningún tipo y cobrando en el acto. La presión de una boda es mucha para estos profesionales que se encargan absolutamente de cada detalle del reportaje fotográfico y de video, apenas sin descanso, durante las horas que dure la boda.

3. Vestido de novia

La oferta de trajes de novia es amplia, diversa y para todos los gustos. Es cierto que hay vestidos de diseñadores de gran prestigio que sobrepasan los 3.000 euros, pero la industria del diseño está haciendo grandes esfuerzos para ser competitivos y, a la vez, conservar su reputación y su marca.

La realidad es que la novia quiere distinguirse en el tipo de vestido. No le sirve cualquier cosa. Tanto si elige un diseño exclusivo como un prêt-à-porter, ya sabe que la calidad es importante. Los tejidos, el diseño, los acabados, exigen mucho trabajo y, en muchas ocasiones, a contrarreloj. Por eso el traje de novia no resulta, precisamente, barato. Pero, si lo pensamos bien, ninguna novia quiere acudir con un trajecito más o menos elegante comprado en unos grandes almacenes y que le pueda servir para cualquier evento.

4. Decoración

Algunas parejas piensan que es muy caro pagar a un decorador para que el espacio quede adornado tan sólo por unas horas. Pero lo cierto es que un buen decorador marca la diferencia. Aunque el resultado final tan sólo se vea unas horas, ha habido un trabajo detrás de profesionales realizando bocetos, pruebas, comprando material, almacenándolo, alquilando mobiliario, regateando en el mercado las flores, por no hablar del montaje y desmontaje a altas horas de la madrugada. Si los novios quieren que su boda sea inolvidable, la decoración es vital para transformar espacios y para dar ese toque final que sus invitados aprecian y agradecen.

5. Luna de miel

La realidad es que el viaje de novios mantiene el mismo precio para los recién casados que para cualquier otra pareja. El truco para evitar que el viaje cueste una fortuna es elegir temporada baja y sacar billetes y reservar hotel con más de seis meses de antelación. Lo bueno, para recién casados, es que, en algunos hoteles, pueden acceder a un upgrade de habitación sin coste extra. Por ejemplo una junior suite al precio de una estándar. En cuanto a los destinos, también los hay más económicos, y es también un detalle a tener en cuenta.

Estos son algunos de los ejemplos de que, en realidad, la celebración de una boda no puede tratarse del mismo modo que otro tipo de evento ya que la preparación, los tiempos, la presión, la supervisión y el resultado final son absolutamente diferentes. La mejor solución para optimizar el presupuesto es priorizar.

Contratar con mucho tiempo de antelación, anticiparse a los posibles costes extras y valorarlos y gastar más en aquellos servicios a los que los novios les den más importancia, ahorrando o gastando menos en aquellos que no les merezcan la pena o que no sean vitales para el buen funcionamiento de la boda.

De esta forma, los novios se pueden asegurar un buen servicio a su gusto focalizando el gasto en las partidas que consideran imprescindibles y a las que no quieren renunciar.

 


Autor invitado: Concha Molina de En Buenas Manos
Experta en organización de bodas

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Comentarios (1)

antulove
03/10/2015

Porque le dan la gana no hay necesidad de hacer fiesta con la ceremonia el vestido fotos y video es suficiente y directo ala luna de miel lo importante es la cereminia no la fiesta y el que no quiera ir que no baya.

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