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¿Se debe invitar a familiares y amigos que no apoyan una boda gay?

Foto: Concha Molina

En España, desde la aprobación del matrimonio gay, se han celebrado unas 22.000 bodas entre personas del mismo sexo. A pesar de que legalmente son matrimonios exactamente igual y con los mismos derechos y obligaciones que las uniones entre personas de diferente sexo, no todo el mundo los aprueba, incluso algunos siguen rechazando estas uniones cuando, entre sus familiares, se encuentran personas en esta situación.

Es un hecho que el matrimonio entre personas del mismo sexo es el reconocimiento jurídico y civil que regulariza la convivencia de dos personas de igual sexo y que se trata de una cuestión basada en los Derechos Humanos Universales amparada por la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas. Sin embargo, algunas personas se sienten intimidadas por estas uniones.

En muchos casos, como ocurre en las uniones heterosexuales, las parejas del mismo sexo han convivido durante varios años antes de tomar la decisión de casarse. A la hora de comunicar entre sus parientes y amigos su deseo de llevar a cabo un matrimonio y una celebración, algunas parejas se ven en la tesitura de si deben o no invitar a la boda  a aquellos familiares que no apoyan su relación.

Aquí surgen las dudas y muchos temores que nos plantean algunas parejas a las que organizamos su boda. Nuestra labor, lejos de juzgar ni posicionarnos sobre el matrimonio sea de la naturaleza que sea, sí que procura resolver una cuestión protocolaria.

Foto: Concha Molina

Los futuros contrayentes no tienen que pensar en las circunstancias de sus invitados. No corresponde al anfitrión invitar tan sólo a aquellos que sabe positivamente que van a acudir al acto. Un invitado, en función de sus deseos y circunstancias personales, sean cuales sean, siempre puede declinar cualquier invitación, por atractiva que ésta sea.

Por eso la pareja, a la hora de invitar, debe saber que siempre cuenta con el “ahá” de familiares y amigos que son razonablemente inteligentes y educados. Cuando el sentimiento antigay es mayor que el hecho de poder herir a un ser querido, no cabe duda de que el cariño de ese familiar no es lo suficientemente fuerte.

Este hecho no ha de pasar desapercibido a los futuros contrayentes, si bien se debe invitar siempre, con independencia de las circunstancias o preferencias personales, a todo aquél que los novios quieran que esté presente. Los novios conocen bien qué personas no respaldan su relación. Con todo, ellos deben invitar incluso a esas personas a su boda.

En cualquier caso, puesto que los contrayentes son libres de invitar a quienes quieran, lógicamente cualquier persona es libre de rechazar la invitación. Si bien las uniones entre personas del mismo sexo se encuentran dentro del marco jurídico, lo que es imposible regular es la simpatía que los demás pueden sentir por otros. No se puede obligar a la gente a que sea simpático con los demás o a que aprueben las relaciones gays o, por ejemplo, los bailes regionales. Cada cual es libre de apoyar, o no, este tipo de uniones.

Algunas parejas opinan que el día de la boda es el día de ambos, y no de sus familiares y amigos, por lo que no quieren que acudan personas que no apoyen su relación y que puedan fastidiar su boda. En principio, si un familiar que no secunda la relación decide acudir a la boda, bien sea por cortesía, bien por no remover el asunto, esta persona es consciente de que su comportamiento ha de ser irreprochable si bien, en la intimidad, no sea partidario de esta unión.

Lo mismo ocurre con la política o con el fútbol. En una boda podemos encontrar invitados a favor de un equipo y gente a favor de otro o, incluso, contrario al otro bando. No por eso los novios sólo invitan a aquellos seguidores de su propio equipo. Normalmente, si acaso hay una discusión por un encuentro deportivo, ésta se zanja con bromas y puyas entre copa y copa. Sólo aquellas personas conflictivas llegarán a mayores.

No es el hecho de que pertenezcan a un equipo u otro o de que voten a un partido o al otro, sino más bien de que se trata de personas sin educación y mezquinas, que no están preparadas para relacionarse socialmente. Y este hecho, no siempre lo conocen los novios.

De igual modo, hay parejas de diferente sexo que se encuentran con conflictos familiares en los que algunos amigos y parientes no apoyan su relación por la circunstancia que sea. Los novios deben saber, porque antes que novios son personas, que no se puede obligar a nadie a que quiera a otro, ni siquiera a que le caiga simpático, pero también deben conocer el hecho de que el afecto y la buena ética en las personas prima por encima de cualquier inclinación personal.

 


Autor invitado: Concha Molina de En Buenas Manos
Experta en organización de bodas

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