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6 motivos por los que la fotografía de bodas es la profesión más bonita del mundo

Todas los profesiones tienen algo especial. El mundo gira gracias al trabajo de mujeres y hombres increíbles, que se dejan la piel cada día y derraman toda su ilusión para conseguir grandes resultados. Algunos de ellos se dedican a representar la belleza existente, edulcorada con la imaginación y la pasión, por el deseo de alimentar la cultura. Los fotógrafos de bodas son fieles amantes de la riqueza visual y de los grandes momentos, una profesión que reúne todos los ingredientes de la belleza:

Foto: Mirlo Azul

Narradores

Los fotógrafos de bodas son expertos en contar historias. Como los juglares de la Edad Media, los pintores del Renacimiento, los literatos del Siglo de Oro y los cineastas de la nouvelle vague, por citar a algunos de los grandes narradores de la historia, estos profesionales de las bodas cuentan historias de amor inquebrantables, cuyos integrantes no se rinden, luchan y han llegado a buen puerto, desde el que un nuevo barco zarpará. El matrimonio se vive de diferentes formas dentro de la sociedad, pero el amor es un motivo común y ellos los encargados de instaurar el hilo conductor que explique cada historia de manera muy personal.

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Foto: Luis Tenza

Captadores de lo abstracto

Un paisaje, un edificio, una reunión de amigos… Hay millones de lugares y situaciones que son fáciles de captar con la cámara. La felicidad y el amor son conceptos abstractos, que se manifiestan a través de las personas y que los fotógrafos profesionales tienen la capacidad de atrapar y guardar en su cámara, quizá uno de los mejores baúles de recuerdos. La concentración y sensibilidad juegan conjuntamente en esta experiencia irrepetible, en la que no vale fallar.

Fotografiar es aprender a leer expresiones más allá de las sonrisas y las lágrimas, es decir, los gestos de complicidad, las sensaciones, la chispa y la conexión imperante entre dos personas; un arduo trabajo que el fotógrafo afronta con creatividad, técnica, conocimiento y empatía. Gracias a ellos, lo abstracto puede llegar a nuestras manos.

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Foto: Volvoreta Bodas

Arte

La fotografía requiere talento, conocimiento y sensibilidad, las tres patas que aúpan cualquier disciplina a la categoría de arte. Un fotógrafo es una mezcla de pintor impresionista y cineasta, encargado de captar el momento y elegir el encuadre perfecto, aquel que entregue al espectador la información suficiente con un envoltorio bello.

La memoria es un almacén con fecha de caducidad, pero las fotografías son capaces de ganar el pulso al tiempo; son las pruebas de los momentos más mágicos de nuestras vidas. Las bodas, además, son acontecimientos que, si todo sale bien, se convierten en únicos. La importancia del momento requiere la participación de artistas que, haciendo uso de la realidad, regalen piezas únicas dignas de exposición.

Foto: El Ojo Encantado

Esfuerzo recompensado

Los artistas son profesionales tan sensibles que, en ocasiones, la fortaleza de su autoestima depende de los aplausos y malas críticas de los demás. Los fotógrafos de boda no necesitan excesivas muestras de aprobación por parte de los novios; les basta con su satisfacción, perfectamente apreciable a través de la emoción de sus rostros. Cuando una pareja está contenta con el trabajo de un fotógrafo, la evidencia brota de manera automática. Después de tantas horas de trabajo durante el día señalado (preboda incluida si la hay), con todo el desgaste mental que ello conlleva, no hay mejor regalo que esa satisfacción.

Foto: Víctor Lafuente

Ausencia de rutina

Cada boda es un mundo y cada pareja una historia diferente. Ello implica lugares distintos, personas nuevas, caterings de todo tipo y sorpresas para todos los gustos. Con todo ese mejunje, el resultado son anécdotas de toda índole, ideales para olvidar la cruz de la rutina que pesa sobre la sociedad del siglo XXI. Fotografiar es una actividad diferente y dista mucho de teclear día y noche en un ordenador: consiste en crear algo nuevo cada día.

Foto: Gorka de la Granja

Grandes relaciones

La relaciones personales entre novios y fotógrafos son tan intensas antes y durante la boda que, a veces, surgen grandes amistades. A estas alturas de la vida, cualquiera sabe que toda boda tiene entre sus invitados a varios fantasmas que disfrutan llamando la atención. Sin embargo, también encontramos personas increíbles que permiten a los profesionales pasar grandes momentos. Los trabajos normales, atrapados en edificios de grandes plantas, no prometen novedades hasta la siguiente década, como mínimo. Fotografiar bodas es un juego permanente que, además de trabajo duro, regala situaciones únicas con grandes personas.

Foto: Josep Gallardo

Los fotógrafos de una boda se merecen todos los respetos de novios e invitados, pues son los encargados de perpetuar su felicidad durante muchos años. Gracias, artistas, por estar ahí en el momento preciso, presentes en vuestra invisibilidad, guardando los tesoros de nuestra felicidad futura. Os debemos muchas. 

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Comentarios (1)

Toni Cano
24/05/2016

Un artículo precioso. Enhorabuena y muchas gracias por tan bellas palabras hablando de nosotros y de nuestro trabajo. El trabajo más bello del mundo!

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