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Dos pedidas y una boda: el gran día de Ana y Pablo

Lo de Ana y Pablo no fue lo que se conoce como un flechazo. Aunque se conocieron hace siete años en una cena, lo cierto es que el amor no surgió hasta que se reencontraron cuatro años después. Fue entonces cuando empezaron a salir y comenzó una bonita historia que acabaría en una boda retratada por Cristina Yabiku fotografía.

Foto: Cristina Yabiku fotografía.

El destino tenía claro que los dos tenían que estar juntos y por ello se empeño en que así fuera, no con una, sino con dos pedidas de mano: “En primer lugar fui yo la que se lo pidió a él”, recuerda Ana. “Estábamos de vacaciones en Escocia, un día fuimos a visitar la isla de Arran y en la arena de una de las playas de esa isla le escribí: “MARRY ME!”, sin interrogación. Y él contestó escribiendo también en la arena “YES!”. Unos meses más tarde le tocó el turno a Pablo: “Ya teníamos la fecha de la boda, y entonces fue él quien me lo pidió más formalmente con anillo de compromiso incluido y unas preciosas palabras”.

Tras tener claro que el siguiente paso era la boda, ambos empezaron con los preparativos. Y como cualquier novia, para Ana, esto supuso empezar a buscar su vestido de novia. El elegido fue un vestido de Jesús Peiró con sobrecuerpo de guipur, manga corta y escote redondo que iba ajustado al cuerpo hasta la cadera.

Foto: Cristina Yabiku fotografía.
Foto: Cristina Yabiku fotografía.
Foto: Cristina Yabiku fotografía.

Como joyas, al margen por supuesto de las alianzas, Ana apostó por unos pendientes regalo de su madre y su anillo de compromiso, un precioso diseño con 15 brillantes.

Foto: Cristina Yabiku fotografía.
Foto: Cristina Yabiku fotografía.

Los zapatos, adquiridos en La Boutique de la Novia y del diseñador Ángel Alarcón, apostaban por la comodidad con un tacón moderado y tenían un adorno en forma de lazo en la parte delantera. Y como no hay novia sin ramo, Ana lució un precioso bouquet de tallo largo con flores blancas y moradas que daban un toque de color al conjunto.

Foto: Cristina Yabiku fotografía.
Foto: Cristina Yabiku fotografía.
Foto: Cristina Yabiku fotografía.

De que la novia estuviese más radiante que nunca en su gran día, se encargaron Chelo, esteticién de confianza y Maite, de “La peluquería”. Con un maquillaje en tonos neutros y un precioso recogido, que adornaron con un tocado elaborado con encaje de bolillos por la abuela de Ana, consiguieron que la novia luciese sencilla y natural el día de su boda.

Foto: Cristina Yabiku fotografía.
Foto: Cristina Yabiku fotografía.
Foto: Cristina Yabiku fotografía.

Por su parte, Pablo apostó por el clásico chaqué para su gran día. Lo adquirió en Ottavio Nuccio y lo complementó con unos gemelos negros, regalo de sus tios y una cadena oro con las fotos de sus abuelos, fallecidos.

Foto: Cristina Yabiku fotografía.
Foto: Cristina Yabiku fotografía.
Foto: Cristina Yabiku fotografía.
Foto: Cristina Yabiku fotografía.

Así, guapísimo, Pablo llegó del brazo de su madre y madrina hasta el Hotel Restaurante Mont Sant en Xàtiva donde se celebraron tanto la boda como el convite. En la ceremonia tuvo lugar uno de los momentos más especiales del día, como recuerda la novia. “Pablo me dedicó unas palabras por sorpresa, no me las esperaba y fueron muy, muy bonitas. Fue uno de los momentos más emocionantes del día”.

Foto: Cristina Yabiku fotografía.
Foto: Cristina Yabiku fotografía.
Foto: Cristina Yabiku fotografía.
Foto: Cristina Yabiku fotografía.
Foto: Cristina Yabiku fotografía.

Tras la ceremonia, no sin antes someterse a la famosa lluvia de arroz se hicieron sus primeras fotos de casados captadas por la cámara de Cristina Yabiku.

Foto: Cristina Yabiku fotografía.
Foto: Cristina Yabiku fotografía.
Foto: Cristina Yabiku fotografía.

Durante el cóctel y la cena posterior, los invitados pudieron descubrir los detalles que los propios novios, con la ayuda del Hotel Mont Sant y de Blanca Climent, quien participó en el diseño de la papelería y las minutas, habían preparado para ellos. “Pusimos desde flechas de madera indicando donde se encontraba el lugar de la ceremonia, el cóctel y el convite, hasta un árbol de huellas y un libro de firmas para que aquellos invitados que quisieran, dejaran sus huellas con colores y sus dedicatorias, respectivamente”, cuenta la novia.

Foto: Cristina Yabiku fotografía.
Foto: Cristina Yabiku fotografía.
Foto: Cristina Yabiku fotografía.
Foto: Cristina Yabiku fotografía.
Foto: Cristina Yabiku fotografía.
Foto: Cristina Yabiku fotografía.
Foto: Cristina Yabiku fotografía.

Y finalmente llegó el baile de los novios, el primero como marido y mujer que dio paso a la fiesta, con photocall incluido, que se prolongó hasta la madrugada.

Foto: Cristina Yabiku fotografía.
Foto: Cristina Yabiku fotografía.

Y es que no hay nada como poner cariño y detalles a una boda, para que tanto los novios como sus invitados queden encantados con el resultado, como sucedió en este caso. ¡Enhorabuena a los dos y gracias por compartir vuestro gran día con nosotros!

Si te ha gustado esta boda, no te pierdas la de Aida y Víctor, dos fotógrafos de boda que se dieron el sí quiero en un enlace único; ni la de Patricia, una novia muy especial que decidió usar el vestido de novia de su madre.

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Comentarios (2)

Su
09/08/2015

Que bonito…nosotros tb nos reencontramos después de tiempo sin vernos y nos casamos 13años después este pasado abril… Me encantan las historias de amor que contáis

Responder
Patricia Olivares
11/08/2015

Muchas gracias!! Hay historias de amor que parecen de película.

Gracias por tu comentario

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