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La misión más importante de mi vida: la boda de Sara y Pedro

Aunque los dos son madrileños, se conocieron en la Escuela Naval Militar, en Marín, Pontevedra. Sara acudió a la fiesta anual que allí se celebra invitada por una de sus amigas. “Al principio me pareció un chulito, pero a la vez sabía que ese chico tenía algo”, confiesa la novia. Y siete años después, tras miles de fines de semana Madrid-Marín, Marín-Madrid y mucha distancia y tiempo sin verse, lograron estar juntos y no separarse jamás.

Foto: Rubén Mejías

La pedida de mano tuvo lugar paseando por los jardines botánicos de Sídney y con las vistas más maravillosas que podían soñar. Pedro le dio a Sara un regalo: un librito lleno de fotos, recuerdos y frases preciosas, con un anillo en la última página. “No me lo esperaba para nada. Entonces lo desató, me levantó, puso la rodilla en el suelo y me lo pidió”, cuenta la novia. Y pusieron fecha para la boda: sería el 1 de agosto de 2015.

Los novios

Para el gran día Sara escogió un vestido de novia de Rosa Clará y, aunque siempre había pensado que quería que su vestido fuera un diseño exclusivo, en cuanto se probó uno de los modelos pret-a-porter supo que era el suyo. Era un vestido en crepé marfil, muy sencillo por delante y con pedrería en las hombreras, el cinturón y la espalda. Como complementos escogió un velo en color rosa, las alianzas, en oro amarillo mate, un regalo de su hermano, adquiridas en Aina Joies, unos zapatos a medida hechos en Franjul, preciosos y muy cómodos, y un ramo de novia de tallo largo, obra de Flores en el Columpio. Pero la joya más especial de ese día para ella era su corona de Suma Cruz, “una pieza muy especial, llena de creatividad, gusto, elegancia y originalidad, todo en su medida perfecta”, explica la novia.

Foto: Rubén Mejías
Foto: Rubén Mejías
Foto: Rubén Mejías
Foto: Rubén Mejías
Foto: Rubén Mejías
Foto: Rubén Mejías
Foto: Rubén Mejías
Foto: Rubén Mejías
Foto: Rubén Mejías

Para el peinado Sara confió en Marieta Hairstyle y lució un recogido con dos trenzas, la novia quería algo cómodo y muy natural, al igual que con el maquillaje, para el que eligió a Raquel Coronado, a quien define como “otro gran acierto”.

Por su parte, Pedro no lo dudó, se enfundó en el traje de gran gala de la Armada. ¡Un novio muy elegante!

Foto: Rubén Mejías
Foto: Rubén Mejías
Foto: Rubén Mejías

La ceremonia

La ceremonia se celebró en la iglesia del pueblo, de piedra por fuera y sobria por dentro, pero acogedora y bonita. Cada instante quedó reflejado en fotografías tan bonitas como éstas gracias a Rubén Mejías y un vídeo de boda espectacular de Cristina Besnard. “Un equipo genial, los dos son muy buenos profesionales, grandísimas personas y hacen que te sientas súper tranquilo mientras trabajan, algo muy importante ya que no sueles estar acostumbrado a que te estén grabando o haciéndote fotos. Ver el resultado es mejor incluso de lo que esperas, te emociona y te hace vivir de nuevo ese día, supieron captar perfectamente cada momento, los movimientos, el ambiente, las emociones…”, explican los novios.

Foto: Rubén Mejías
Foto: Rubén Mejías
Foto: Rubén Mejías
Foto: Rubén Mejías
Foto: Rubén Mejías
Foto: Rubén Mejías
Foto: Rubén Mejías
Foto: Rubén Mejías
Foto: Rubén Mejías
Foto: Rubén Mejías
Foto: Rubén Mejías
Foto: Rubén Mejías
Foto: Rubén Mejías
Foto: Rubén Mejías
Foto: Rubén Mejías
Foto: Rubén Mejías

El banquete

Tras vivir los momentos más emotivos de sus vidas y darse el sí quiero tan esperado, pasaron a disfrutar del banquete, para el que eligieron una finca preciosa en Garganta de los Montes (Madrid), de Prados Riveros. Además dispusieron del Hotel Quercus, donde podrían alojarse sus familiares y disfrutar de una boda de dos días. La boda se celebró el sábado pero la fiesta comenzó la noche de antes con una cena informal tipo cóctel en el hotel para todos los que ya estaban por allí.

Foto: Rubén Mejías
Foto: Rubén Mejías

La finca estaba decorada con un gusto exquisito, colocaron tres tipis de Tipichic, que quedaron espectaculares bajo los que disfrutaron de las delicias del catering SixSens, “la comida exquisita, tanto el cóctel como la cena”, cuentan los novios.

Foto: Rubén Mejías
Foto: Rubén Mejías
Foto: Rubén Mejías
Foto: Rubén Mejías
Foto: Rubén Mejías
Foto: Rubén Mejías
Foto: Rubén Mejías
Foto: Rubén Mejías
Foto: Rubén Mejías
Foto: Rubén Mejías

El banquete estaba formado por mesas imperiales de madera con camino de mesa sencillo y flores silvestres, obra de Flores en el Columpio. Las sillas también eran de madera y la vajilla era de Crimons y Eventos Armony.

Foto: Rubén Mejías
Foto: Rubén Mejías
Foto: Rubén Mejías
Foto: Rubén Mejías

Como detalle para los invitados, la madre de Pedro, de Candy Eles, preparó cajitas con galletas de mantequilla y fondant, además también regalaron protectores de tacones para que las invitadas mantuvieran intactos sus zapatos sobre el césped. ¡Una gran idea!

Foto: Rubén Mejías

Baile de los novios

Lo pasaron genial en un entorno de lo más idílico, el banquete fue todo un éxito y, tras ello, pasaron al baile que los novios abrieron con Under my skin, de Frank Sinatra. Sin duda, será uno de los momentos más divertidos que recordarán de su boda… Desde Zankyou les deseamos toda la felicidad del mundo. ¡Enhorabuena pareja!

Foto: Rubén Mejías

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