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¿Separarás tus bienes o lo compartirás todo con tu pareja? Atentos a las diferencias

Cuando una pareja decide casarse es, normalmente, porque se quiere con todo el alma y pretende pasar el resto de sus vidas juntos. Pensar en una separación o un divorcio no está en la mente de los recién comprometidos o al menos no es muy habitual.

Sin embargo, la vida da muchas vueltas y ya se sabe que del amor incondicional al odio la distancia puede ser muy corta. Y es ahí, cuando se rompe esa barrera y se produce el salto de un estado a otro, cuando llegan los problemas si no tenemos todo bien atado.

Foto: Jose Cortes Cortejarena

Cuando una pareja contrae matrimonio lo hace por defecto en régimen de gananciales, a no ser que vivan en Cataluña, Baleares, País Vasco, Navarra o Aragón, donde está establecido el régimen de separación de bienes si no se pacta otra cosa.

Régimen de gananciales

Se trata de las normas legales que delimitan los intereses, derechos y obligaciones económicas de los cónyuges. Las normas afectan tanto a los bienes privativos (los que tenían cada uno antes de casarse) como a los bienes gananciales (los que generen de su actividad, trabajo, herencias…desde el inicio del matrimonio).

En caso de disolución del matrimonio, los bienes se dividen a partes iguales para cada miembro de la pareja así como las cargas o deudas que cualquiera de ellos pudiera tener.

Régimen de separación de bienes

En este régimen, los bienes de ambas parte se mantiene separados. Tú lo tuyo y yo lo mío. Separar los bienes no tiene por qué ser síntoma de inseguridad en la pareja y puede hacerse en cualquier momento desde la celebración del matrimonio. Puede darse el caso, por ejemplo, de que tu marido vaya a crear una sociedad o embarcarse en un proyecto arriesgado y decidáis separar vuestros bienes para que, en caso de que vaya mal, no afecte a la economía de ambos y podáis afrontar la situación con los bienes de la otra parte.

Foto: Carmen Ríos

¿Cómo puedes cambiar el régimen de tu matrimonio?

A veces se da el caso que comentaba antes, que uno de los dos no quiere arriesgar el patrimonio conjunto al embarcarse en alguna operación económica de gran envergadura o simplemente porque prefieren separar sus bienes por lo que pueda suceder en un futuro.

Ante esta situación se recurre a las capitulaciones matrimoniales, que son un documento en el ambas partes acuerdan las reglas patrimoniales y económicas de su matrimonio. Debe hacerse ante notario, antes (como máximo un año de antelación) o después de la celebración del matrimonio para que tenga validez y depositarlo en el Registro Civil.

Foto: David de Biasi

No obstante, siempre hay que informarse bien de lo que supone cada uno de los regímenes del matrimonio, hablar con abogados o pedir consejos, pues siempre podemos encontrarnos alguna que otra sorpresa en caso de poner fin al matrimonio o problemas de endeudamiento.

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