Cómo guardar el vestido de novia en 5 pasos

Cómo guardar el vestido de novia en 5 pasos

El vestido es la “joya” más preciada de una novia, para ella tiene un gran valor sentimental. Por eso es importante saber conservarlo pasado el gran día, pero ¿sabes cómo hacerlo?

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La elección del vestido de novia es uno de los momentos más especiales de la boda. En este proceso, habita un sentimiento único, una chispa que te envuelve y da forma a tu futuro como novia. Y aunque hay muchas chicas que prefieren alquilar el vestido o reutilizar el de alguna mujer de su familia, la mayoría compran su pieza para poder apreciarla en la posteridad.

Y, al final del gran día, el vestido tendrá secuelas. Pero, ¿realmente importa? Son huellas de una fiesta inolvidable y, como tales, deben formar parte del vestido y del recuerdo. Así, con todos los rotos y manchas, si es que los hay, te enseñamos cómo guardar el vestido de tu novia en 5 pasos o, mejor dicho, 5 formas perfectas de guardarlo para mantenerlo en el tiempo.

1. Intentar lavarlo en casa

2. Llevarlo a la tintorería

3. Arriesgarse con los tejidos naturales

4. Ser tradicional

5. Tener en cuenta estos consejos

1. Intentar lavarlo en casa

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Como ya te hemos dicho y sabes, el vestido de novia sufre a lo largo de la celebración. Es, por ello, que puede aglutinar todo tipo de señales después de la batalla del gran día, en forma de manchas, desgarrones y olores. Por ello, quítatelo con mucho cuidado tras la boda (aunque quizá no aprecies la realidad del vestido hasta el día siguiente) y déjalo en un lugar seguro.

A partir de aquí, te toca probar suerte con las artes de casa y, para ello, te ofrecemos un consejo de parte de los profesionales. Este indica que lo ideal es utilizar un programa de lavadora delicado, añadiendo jabón neutro sin dejar pasar más de 12 o 24 horas para evitar que las posibles manchas no se fijen en las fibras. Después, el remedio más natural: dejarlo secar al aire libre y al sol. Para ello, evita tenderlo y opta por extenderlo.

Tras estos procedimientos, toca un poco de plancha y, para ello, lo mejor es el vapor suave, pues tejidos como los algodones, las gasas, el guipur y las blondas con caída no necesitan ser almidonadas.

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Foto: Otaduy

2. Llevarlo a la tintorería

Si prefieres no complicarte la vida y dejarlo todo en manos de profesionales, guarda con extremo cuidado tu vestido después de la boda hasta que visite su siguiente destino: ¡la tintorería! ¿Cuál si no? Allí te dejarán la gran pieza como nueva, o casi como nueva, pues hay cosas insalvables incluso para un buen tintorero; no obstante, el resultado puede ser realmente bueno. Ellos son expertos en acabar con todo aquello que no suele salir por ningún medio, por lo que confía en ellos antes de empezar a pensar en guardar tu vestido.

En este caso, lo mejor sería no plancharlo después de lavarlo. Y, para guardarlo y que aguante en condiciones al paso de los años, te recomendamos que sobreviva colgado en lugar de doblado. Con esta sencilla técnica, la aparición de manchas amarillas y de arrugas se reducirá considerablemente.

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José Luis Zambonino. Foto: Numérica Fotógrafos

3. Arriesgarse con los tejidos naturales

Algunos ateliers destacan por un mayor cuidado de las prendas y una confección a mano, propiciando esa esencia auténtica que tan bien sienta a los vestidos. En estos espléndidos talleres, muchas profesionales optan por los tejidos 100% naturales para concebir sus obras maestras.

Sin embargo, la brillantez y delicadeza de estas telas motivan un mayor deterioro, algo que es más difícil de ver en los tejidos sintéticos. En ese caso, para asegurar una correcta manutención del vestido, lo mejor es envolverlo en un papel de seda y mantenerlo en un lugar sin humedad y alejado del sol. Guardarlo de esta forma dilata la vida del vestido después de la boda y ayuda a reservar el recuerdo.

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Foto: La Unike

4. Ser tradicional

En ocasiones, los experimentos no siempre funcionan y asusta la posibilidad de meter la pata ante el vestido más importante de la vida de una novia. Porque este, aunque suele gozar de una única puesta, es costoso y merece la pena conservarlo para asegurar su manutención.

Así, la solución más sencilla es dejarlo en el porta-trajes en el que la tienda o el atelier te ha dejado el vestido. Sin embargo, esta opción no siempre es válida y algunas novias acaban cansadas por su incomodidad, ya que muchos trajes de larga cola se acaban saliendo y puede ser un incordio en el armario. Así, intenta utilizar la opción del porta-trajes para vestidos más cortos.

Pero si esta opción no te convence, hay otras dos que deberían bastar. En primer lugar, la tradicional caja de cartón para prendas de este tipo, la cual debe ser lo suficientemente amplia para que el vestido no quede demasiado arrugado. La segunda, y quizá más especializada, es el uso de una bolsa comprimida. Por este procedimiento, se elimina el aire de la bolsa y se reduce el tamaño del envase, manteniendo su estructura y estado y permitiendo su colocación en cualquier lugar.

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Foto: Laure de Sagazan

5. Tener en cuenta estos consejos

Como consejos generales paras todo tipo de procedimientos, tened en cuenta que los mitos deben desaparecer. Si en las películas y en la antigüedad has visto los vestidos de las madres y las abuelas colgados en la buhardilla o en el sótano, debes saber que en el pasado y en el cine procedían erróneamente. En estos lugares, el calor, el frío y la humedad alcanzan los niveles más altos dentro de una casa, dependiendo de la época, y todo contribuye a estropear prendas tan delicadas como un vestido. Lo mejor para que el vestido no sufra y se mantenga intacto es guardarlo en un lugar fresco y oscuro, aunque la escena pierda fuerza a nivel visual, como ocurre en el cine.

Si quieres que el vestido no solo aguante ante las inclemencias temporales, sino que quede protegido de visitantes no bienvenidos, como polillas e insectos similares, te aconsejamos colocar junto a ellos una bolita de naftalina o alcanfor. ¡Nada ni nadie se acercará a tu vestido!

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Pilar Bande | Foto: Volvoreta

Finalmente, como guinda para asegurar la máxima protección posible del vestido, recomendamos airearlo una vez al año. Además de disfrutar de él y revisar posibles desajustes que deterioren su perfecto estado, podrás evitar las dobleces que con el tiempo pueden surgir. Cumpliendo todo esto, ¡tu recuerdo de novia perdurará por siempre!

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