Cómo organizar una boda de dos días en 5 pasos

Cómo celebrar mi boda de dos días
Cómo celebrar mi boda de dos días | Foto: Patricia With Love

¿Dos días de boda? No es un tipo de celebración habitual, pero algunas parejas empiezan a ponerlo en práctica. El motivo no es otro que aprovechar todo el esfuerzo de la organización para disfrutar durante mucho más tiempo y evitar quedarse con la miel en los labios. Tras una boda normal, muchos novios se quedan desinflados, con la sensación de haber perdido mucho tiempo en una planificación (alrededor de un año) que ha servido para unas pocas horas. También se realiza como parte de eventos más desenfadados e íntimos, celebrados solo con familia y amigos durante uno o los dos días.

Para evitar ese mal trago, atenta a cómo celebrar tu boda de dos días en 5 pasos, pues, cómo no, estas celebraciones merecen más trabajo y coordinación, y no vendría mal la ayuda de una wedding planner. ¡Empezamos!

1. Disfrutar con un nuevo concepto

2. Organizar los espacios

3. Proponer un catering variado

4. Triunfar con una decoración contrastada

5. ¿Y el vestido?

1. Disfrutar con un nuevo concepto

La organización de una boda de dos días es diferente a las demás, pero tampoco es para volverse loco. Lo importante es proponer un nuevo concepto y utilizarlo según convenga. Lo normal es que uno de los días tenga un mayor grado de intimidad, con menos invitados y una disposición de los medios más informal. En este contexto, entran los días de relax, con amigos, de fiesta más tranquila. El segundo día, ya sea antes o después de la boda, se reserva para la celebración grande, en condiciones, la que llevas planeando con más minuciosidad desde que decidieras casarte.

Algunos novios prefieren que ese día diferente sea el previo a la boda, quizá para disfrutar de una mayor tranquilidad y afrontar el ‘día B’ con más energía. En otros casos, las parejas optan por situarlo justo después de la celebración grande y, precisamente, descansar con la familia y algunos amigos después de un día tan duro. En ambos casos, este tipo de celebraciones se suelen elegir si la boda es en verano, momento en el que existen más posibilidades de planes y de espacios.

Issa Leal
Foto: Issa Leal

2. Organizar los espacios

Lo ideal es aprovechar el mismo espacio (finca, masía, caserío, casa rural, hotel…) para organizar los dos días de la boda. No siempre es así, pues algunos prefieren diferentes ambientes, pero es una buena idea a nivel de organización y precio. Si se utiliza el mismo lugar, debe estar provisto de todo tipo de comodidades y servicios que propicien una estancia larga, en concreto jardines, piscina, spa, lugares de ocio y alojamiento. De esta forma, el día más informal estará destinado a piscina, comidas, juegos y copas, con un merecido descanso después de todo el día. Con el tiempo en compañía y el alojamiento en el mismo espacio, la idea es generar una comunión entre las personas más allegadas y queridas, una especie de comunidad puntual que genere buen ambiente y permita disfrutar de la boda a otros niveles.

Caleidoscopio Bodas
Foto: Caleidoscopio Bodas

Otras parejas con más presupuesto eligen la costa para celebrar una boda, destinando uno de esos días a salir en barco y pasar la jornada en calas, restaurantes de playa o en el propio navío. Además, el concepto de la montaña está extendido y algunos novios optan por las excursiones en mitad de la naturaleza para terminar la jornada con comidas, juegos y fiesta con los círculos más cercanos. Si la zona lo merece, también se pueden ofrecer visitas guiadas y alargar la boda hasta el fin de semana, con momentos de cultura, turismo y placer.

El segundo día implica una organización similar a la de una boda habitual. Sin embargo, también facilitará las cosas, ya que si habéis pasado la noche allí, podréis acometer la estructuración de la ceremonia, del espacio del banquete y de las otras zonas desde el primer momento, contribuyendo a dicha preparación en persona.

Ana Carmen Alejandre
Foto: Ana Carmen Alejandre

Otros novios prefieren no hacer distinciones y organizar dos celebraciones grandes, cada una alojada en uno de los días. Una de ellas más informal en todos los sentidos, tanto por la forma de vestir como por el tipo de comida servida o por los espacios escogidos para la ceremonia, el aperitivo, el banquete o la fiesta. La otra, más tradicional, como mandan los cánones de las bodas que llevamos viendo siempre. En todas ellas, los invitados serían los mismos siempre que puedan asistir, aunque, evidentemente, implicaría un desembolso mayor. También se pueden organizar dos celebraciones atendiendo a diferentes estilos, sin que ninguno de ellos sea especialmente informal.

3. Proponer un catering variado

En el apartado gastronómico, los invitados a tu boda tienen que experimentar una auténtica montaña rusa de sabores, olores y texturas. Dos días dan para mucho y no deberían ser exactamente iguales.

Así, el día informal debe destinarse a la comida informal, al menos en cuanto a preparación, presentación y consumo. Destacan los cócteles con corners o estaciones de comidas variadas (sushis, carne a la brasa, comida rápida, dulces…), los bufets y los foodtrucks, perfectos para disfrutar de pie o en mesas alargadas dispuestas en los exteriores de la finca. Y tirando un poco más de informalidad, la primavera y el verano son dos momentos perfectos para organizar barbacoas y picnics de temáticas concretas. El concepto de la naturaleza en las bodas cada vez está más de moda y es perfecto para este tipo de fiestas.

En cuanto al día formal (haya uno o dos), el grande, el banquete es similar al de una boda habitual, solo que quizá menos pesado, tirando de cócteles largos o únicos (con elementos similares al cóctel del primer día) o banquetes de tres platos (entrante, plato principal y postre), mucho más ligeros. En bodas de otros estilos se aprovecha la celebración para seguir con la informalidad y servir comidas más auténticas, como arroces o platos típicos de la zona, sin utilizar el protocolo tradicional.

Félix Faura
Foto: Félix Faura

4. Triunfar con una decoración contrastada

Una de las ventajas de una boda de dos días es la combinación de estilos y los contrastes que se pueden crear. El día informal merece una decoración menos recargada, más desenfadada, moderna y en poca cantidad. En general, los que optan por días tranquilos utilizan una temática concreta, pero no se recrean con la decoración y aprovechan la del espacio escogido. De esta manera, el día potente, el gran día, se diferenciará por obedecer a un estilo muy concreto y utilizar todo tipo de detalles, entre ellos las flores, quizá el elemento decorativo más recurrente y efectivo.

Las flores dicen mucho de una boda, de su estilo y de los novios. Para las clásicas, las rosas, azucenas, gardenias o nardos y, en general, los tonos pastel. Para las románticas, lirios y orquídeas blancas combinadas con hojas verdes, así como el uso de flores silvestres que alarguen el sentimiento bucólico. Para las modernas, también las orquídeas blancas mezcladas con helechos, mientras que las campestres prefieren margaritas, anémonas, dalias, crisantemos, campanitas o violetas y las rosas de jardín.

En algunos de estos eventos de dos días, en ambas jornadas se celebra la boda en todo su esplendor, cambiando temáticas, estilos y formalidades. Así, el uso de unas flores u otras, dependiendo del estilo de la misma, será vital para diferenciar y crear los esperados contrastes.

Roqueo de ChavelaReserva tu fecha en Roqueo de Chavela
Foto: Roqueo de Chavela
Roqueo de ChavelaReserva tu fecha en Roqueo de Chavela
Foto: Roqueo de Chavela

En Roqueo de Chavela son expertos en este tipo de bodas de más de una jornada y tan familiares, ya que llevan más de 10 años celebrando estos grandes eventos en su encantador espacio. Además del alojamiento, disponen de un servicio de restauración, ocio, estética y wellness únicos. 

5. ¿Y el vestido?

El vestido también marca la diferencia. En las bodas de dos días no siempre se requieren dos vestidos, pues es habitual que una de las jornadas sea totalmente informal, con amigos y sin distinciones. Aun así, no está de más que se sepa que hay por el lugar dos novios a punto de casarse, sobre todo una novia, que siempre ha recibido más atención por su vestimenta. En este sentido, caben los vestidos de corte ligero, de estilo bohemio, con tejidos vaporosos y livianos y en blancos más crudos.

Sin embargo, hay parejas que no son tan informales en el día previo (o posterior) y, en lugar de pasar un día de relax, prefieren darle a la velada un toque más elegante y formal, tanto a nivel de actividades como de apariencias. Así, los vestidos, más clásicos y sobrios, sugerirían una mayor sofisticación.

Immaclé
Foto: Immaclé

El segundo día es diferente, pues el vestido es uno de los protagonistas y sí está pensado para marcar la diferencia. En este caso, se sigue el protocolo habitual de una boda, por el que la novia elige el vestido que mejor vaya con su figura y personalidad, ya sea más o menos elegante o informal, pero sintiéndose única entre el resto de invitados.

Para las bodas de dos días que realizan dos celebraciones grandes, aunque diferentes, se puede jugar con la variedad de vestidos, con uno más formal y otra más informal dependiendo del día y del estilo que le dé forma. Este recurso es muy típico en las bodas reales, en las que se sigue un paradigma tradicional durante la ceremonia y se aligera el protocolo más adelante, en el banquete y la fiesta, con un segundo vestido que se ajuste mejor a la personalidad de la novia.

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