Bailemos…

Nos volvemos a encontrar, versión más moñas de mí misma. Hablo de esa versión que, mañana tras mañana, se pasaba unos cincuenta minutos subida a un autobús de camino a la facultad mirando tras la ventana cual alma atormentada escuchando canciones de Taylor Swift y girando el cuello al pasar por tiendas de trajes de novia. Hablo de esa versión que veía Un paseo para recordar al menos tres veces al año (y las tres lloraba aunque ya conociera el final más que de sobra). Hablo de esa versión que leyó la saga Crepúsculo y que soñó con que un vampiro le escribiera… “Volveré tan pronto que no tendrás tiempo de echarme de menos. Cuida de mi corazón… lo he dejado contigo.” Hablo de esa chica de pelo corto y amores platónicos de biblioteca que esperaba organizar bodas y escribir historias de amor inspiradas en verdad. En pura verdad. Porque nada inspira tanto al mundo como la verdad.

Pero esa chica creció. Creció, como le creció el pelo, la cintura y las ganas de escribir. Cambió el country cursi (y las novelas adolescentes) por indie y por Zafón. Y por tantos otros que inspiraron tanta ilusión. Pero si en algo no cambió esa versión moñas de mí misma fue en su forma de entender el amor, en sus ganas de narrar, de contar, de emocionar. Y ahora aquí estamos. Una niña con pensamientos rosas encerrada en el cuerpo curtido a base de canciones de La Casa Azul y de capítulos de Sexo en Nueva York de una casi treintañera enamorada de las letras, de la vida y de ti. ¿Ves? Estaba hablando en primera persona utilizando la tercera, en plan Aída Nízar, y ya te hablo a ti directamente. Será que últimamente solo me caben en el cerebro imágenes, textos y cálculos que tienen que ver contigo. Nuestras fotos, nuestras palabras y las restas que hago quitando los días que me quedan para verte otra vez.

KeisyandRocky
Foto: KeisyandRocky.

Si me hubieran dicho que algún día mis pájaros en la cabeza me llevarían a escribir tanto, ni me lo hubiera creído. Siempre he sido de creer poco, la verdad. Voy de soñadora y de “todo es posible” pero luego necesito que me repitan lo que estoy viviendo, lo que estoy sintiendo, lo que me están queriendo. Vivo en un “¿pero esto es de verdad?” constante. Y no paro. ¿Será el miedo a perder lo bueno que tengo lo que me obliga a no reconocerlo? Tal vez. Pero ya está bien. Pase lo que pase… hoy bailaré. Hoy bailaré escuchando a Sidonie, aunque esté sentada en la silla de mi oficina de aquí a unas horas. Me moveré lentamente. Rodilla, pie, cabeza y vuelta a empezar. Aunque piensen que me está dando un chungo o que estoy pirada. Escucharé mil veces Nuestro baile del viernes y recordaré tu cara viéndome bailar con una cerveza en una mano y la vida entera en la mirada.

¿Sabes? La chica que miraba a través de la ventana del autobús escuchando canciones cursis ya soñaba contigo. Ahora creo que todas las frases que he estado escribiendo durante estos años han sido solo para llegar hasta ti, como un camino hecho de derrotas y personas equivocadas que, a pesar de haber enseñado, jamás despertaron esta sonrisa tan sincera. En cambio tú… tú llenas cada carcajada, cada día malo, cada momento de paz o de guerra.

En cambio tú… ¿quieres bailar conmigo? Si quieres nos imaginamos que suena de fondo City of stars. Y ya está. No nos hace falta nada más.

A fin de cuentas, desde que te conozco solo escucho música aunque todo esté en silencio.

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Comentarios (1)

Lydia Guerrero
18/06/2017

Sólo puedo decirte: Brutal!!!!

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