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Olivos y lavanda: la preciosa boda de Carol y Tati

Una fiesta fue lo que unió a Carolina y Tati y con una gran fiesta quisieron celebrar su boda ante todos sus amigos y familiares en una preciosa ceremonia llena de detalles que los profesionales de Padilla y Rigau se encargaron de inmortalizar.

Foto: Padilla y Rigau.

Aunque no hubo pedida de mano como tal, “lo decidimos juntos como un paso más en nuestra relación”, Carolina sí vivió el esperado momento de la entrega del anillo. Tati escogió para ello un paseo en el que la pareja hizo una pequeña excursión a la ermita del pueblo de donde procede la familia de Tati. Un momento mágico que la novia recuerda con ilusión.

Una vez que tuvieron claro que se darían el sí quiero, Carolina empezó a buscar su vestido de novia. “Me lo hizo a medida una modista. Me probé mil antes, de un estilo muy diferente, pero al empezar a idear el modelo cambié totalmente de idea y quedé muy contenta con el resultado”, recuerda la novia. Y es que no es para menos. Elaborado en brocado en la parte superior, con tirantes y cuello redondo y con una falda de gran caída, Carolina estaba guapísima con el diseño elegido.

Foto: Padilla y Rigau.

Discreta y natural, Carolina escogió un look prácticamente sin joyas para su gran día. “No suelo llevarlas habitualmente y no quería sentirme disfrazada”. Sí llevó, no obstante, una preciosa pulsera de plata que su abuelo había regalado a su madre y su madre a ella, y unos pendientes de brillantes que habían pertenecido a la bisabuela de Tati. “Quería que lo que llevase fuesen joyas familiares con mucha historia y sentimiento”.

Foto: Padilla y Rigau.

Como cualquier novia, Carolina prestó especial atención a los dos complementos estrella: los zapatos y el ramo. Los primeros se los compró en Membur: un modelo en color crudo con un lazo de pedrería. “Eran la joya que completaba mi look”. El segundo, un bouquet de flores silvestres que la propia novia diseñó desde la empresa de producción de eventos que dirige, Detallerie.

Foto: Padilla y Rigau.
Foto: Padilla y Rigau.

Para el maquillaje y la peluquería, Carolina apostó por la sencillez más chic. Su melena, recogida en una coleta, daba un toque informal y muy trendy al conjunto, mientras que para el maquillaje, que confió a una de sus amigas, se apoyó en los siempre acertados tonos neutros.

La ceremonia, muy especial y llena de momentos emotivos para los novios, se celebró en la iglesia del pueblo del que procede la familia de Tati, un lugar muy vinculado a ellos.

Foto: Padilla y Rigau.
Foto: Padilla y Rigau.
Foto: Padilla y Rigau.

Después del sí quiero llegó el banquete, para el que los novios apostaron por el jardín de la casa familiar de Tati, a tan solo unos metros de la iglesia. “Celebrarlo todo en el mismo sitio, que a la vez era en casa, le dio a la boda un toque familiar, acogedor y único”.

Foto: Padilla y Rigau.
Foto: Padilla y Rigau.
Foto: Padilla y Rigau.
Foto: Padilla y Rigau.

Dirigiendo ella misma la empresa de organización de eventos Detallerie, no es extraño que fuese la propia Carolina la que se encargó de todo lo relacionado con la decoración de los espacios de su boda. Y el resultado no pudo ser más espectacular: “Como el lugar donde celebrábamos la boda había sido una antigua fábrica de producción de aceite, que es a lo que se ha dedicado siempre la familia de mi marido, decidimos jugar con los olivos y su color para la decoración. Además, a ambos nos encanta la lavanda y amamos la provenza, por eso lo quisimos combinar con algo de lavanda y pequeños toques de flores amarillas para dar alegría”, explica Carolina. “Queríamos algo desenfadado, silvestre y de campo, que al fin y al cabo era donde se celebraba la boda. Para el resto del montaje, no quisimos grandes detalles… Fue muy sencillo porque todo el protagonismo lo dejamos al precioso jardín que nos rodeaba”, añade.

Foto: Padilla y Rigau.

Foto: Padilla y Rigau.
Foto: Padilla y Rigau.
Foto: Padilla y Rigau.
Foto: Padilla y Rigau.
Foto: Padilla y Rigau.

Tras la cena, los novios bailaron sus primeros acordes como recién casados. Eligieron el Danubio Azul, el vals con el que Carolina siempre había imaginado desde niña abrir el baile de su boda. Y como no podía ser de otro modo, el baile dio paso a la fiesta que acabó a altas horas de la madrugada y para la que los novios pusieron a disposición de los invitados sombreros, accesorios y disfraces flúor que dieron pié a algunas de las imágenes más divertidas del día.

Foto: Padilla y Rigau.

“Para mí, particularmente todo el día fue muy emocionante, yo soy Argentina y era la primera vez en 15 años que reuníamos aquí a toda nuestra familia de fuera… abuelas, primos y tíos vinieron a la boda; fue fantástico tenerles a todos cerca para un momento tan y tan especial”, recuerda Carolina. ¡Enhorabuena a los dos y muchas gracias por compartir vuestra boda con nosotros!

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