Cómo casarse en la playa en 5 pasos

Una boda en la playa es uno de los sueños más recurrentes de las personas que fantasean con la idea de casarse. Porque la playa tiene un componente místico que, a pesar de los avances que hay en el mundo, nunca deja de encandilar y sorprender. La playa es única; es un paraje que enamora a los novios y que, al mismo tiempo, puede ofrecer un espectáculo sin igual a todos los invitados.

Sin embargo, esta atracción puede verse truncada por una organización compleja y, cuanto menos, especial. Aquí, los 5 pasos que necesitas para saber cómo casarse en la playa.

1. Conseguir una autorización

2. Afrontar la organización

3. Establecer un tipo de decoración

4. Escoger un vestido más especial

5. Resolver la incógnita del banquete

1. Conseguir una autorización

Antes de juguetear con la maravillosa expectativa de casarse en la playa, conviene afrontar la realidad: no es sencillo. Y todo empieza por las leyes, que no son claras con la legalidad de este procedimiento, ya que La Dirección General para la Sostenibilidad de la Costa y del Mar no hace distinción alguna entre las playas que pueden y no pueden celebrar bodas.

Al mismo tiempo, según el artículo 32.1 de la Ley 22/88, de 28 de julio, de la Demarcación de Costas, “únicamente se podrá permitir la ocupación del dominio público marítimo-terrestre para realizar aquellas actividades o colocar instalaciones que, por su naturaleza, no puedan tener otra ubicación”. De acuerdo con dicho artículo, no estaría permitido, ya que las bodas pueden organizarse en cualquier otro lugar. Sin embargo, el asunto y, por ende, la esperanza, no acaba aquí.

KT Merry Photography
Foto: KT Merry Photography

Existen multitud de permisos y licencias que se pueden pedir en los consistorios de los ayuntamientos que acogen la playa en cuestión, ya que son estos los que regulan el uso de las mismas. Al pedir permiso, serán necesarias una serie de especificaciones tales como el sistema de montaje de baños o generadores eléctricos, la justificación técnica del uso de ellos, las medidas de seguridad, planos de situación, emplazamientos o nivel de decibelios que se quieran emitir, etc. Los mencionados consistorios son los lugares encargados de tramitar las peticiones según la normativa de la autoridad costera, que depende del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente; no obstante, algunos trámites deben realizarse en estancias superiores como la Delegación o Subdelegación del Gobierno.

Por otro lado, es preciso saber que cada lugar es muy diferente. Mientras en algunas playas hay libertad para usar el espacio por su carácter público y natural, en otras no se permite el acotamiento de ningún espacio. Ello implicaría que, en casi todos los casos, no se asegure la ausencia de curiosos a la ceremonia, hecho que anima o desanima a los novios. Y en algunas zonas se pide el pago de una tasa y la entrega de una comisión por parte del lugar de celebración. En este sentido, Islas Canarias sería la zona con mayores facilidades y tasas más bajas, mientras que Cataluña, en concreto Castelldefels (Barcelona), serían las más altas.

Como soluciones, muchas parejas no se casan oficialmente en las playas, sino que organizan una boda informal tras haberse unido legalmente en matrimonio en el Ayuntamiento. Y, en el caso de las parejas que prefieran el rito religioso, los sacerdotes elegidos deberían pedir una autorización especial, algo que no siempre es posible. En cualquier caso, lo mejor es conseguir la ayuda de un maestro de ceremonias, ya que es complicado que un representante de la Administración acuda a una boda en la playa.

Otra de las opciones que se barajan es la contratación de un espacio que contenga una playa privada, algo habitual en muchas zonas del Caribe, por ejemplo. En España también ocurre y en ese caso no habría ningún problema. Finalmente, algunos espacios de celebración cercanos a la playa tienen la posibilidad de organizar bodas frente al mar, aunque dentro de su recinto y no en primera línea. El resultado también resulta entrañable.

Mys Eventos
Foto: Mys Eventos

Mientras utilizamos todas las argucias posibles para organizar bodas en la playa, tal y como ya han hecho muchos novios, quedamos a la espera de un cambio en la legislación sobre este tema. Al fin y al cabo, España tiene 8.000 km de costa y una infraestructura maravillosa para mover personas y organizar destination wedding en la playas. Siempre y cuando se huya de la masificación y se respete el medio ambiente que rodea la playa, estas bodas serán una buena noticia.

2. Afrontar la organización

Una boda playera trae consigo una sensación de tranquilidad, de relax y de “rollo bohemio” que suscita una velada de lo más relajada. ¡Pero no es así! En una boda en la playa, teniendo en cuenta todo lo explicado anteriormente, todo debe estar cuidado al milímetro. Para ello, recomendamos la contratación de una wedding planner que comprenda a la perfección la magnitud de este reto. Con su experiencia en bodas de playa, seguro que te ayuda a sobrellevarla de la mejor manera posible, con consejos que solo los expertos conocen.

En primer lugar, recomendamos que la boda no se desarrolle ni en julio ni en agosto, momento de máximas aglomeraciones en muchas de las playas españolas. Aunque siempre habrá calas de ensueño y espacios más vírgenes, resulta arriesgado organizar un evento de estas características en un lugar así. A pesar de ello, elegid playas pequeñas que no estén excesivamente transitadas.

Al mismo tiempo, las bodas playeras deben celebrarse en primavera, a principios del verano o a finales del mismo. Son momentos que pueden resultar realmente mágicos, sobre todo si se ubican al atardecer, con el cielo como paleta de colores realmente arrebatadores. Además, la temperatura será mucho más agradable.

También es importante tener en cuenta el número de invitados. Para una celebración de estas características, con los permisos justos y los espacios reducidos, lo mejor es una boda pequeña, íntima, sin demasiados asistentes.

A continuación, llega el momento de poner la maquinaria a punto, con un gran número de infraestructuras para que todo funcione bien. De hecho, la proximidad de un hotel, restaurante o chiringuito, en el que más tarde se celebre el convite o incluso se aloje a los invitados, resulta casi imprescindible para la logística.

La comodidad también es clave. El sitio debería tener un fácil acceso, controlar las subidas y bajadas de las mareas y, por supuesto, seguir las indicaciones de Seguridad que facilite el Ayuntamiento pertinente. En cuanto a la climatología, un plan B es más que importante, pues la playa está sujeta a condiciones mucho más cambiantes, donde la lluvia y el viento (este mucho más impredecible) pueden pasar factura. En este sentido, la contratación de los servicios de un establecimiento cercano facilitará mucho la velada.

Mys Eventos
Foto: Mys Eventos

3. Establecer un tipo de decoración

Las bodas de playa traen consigo una decoración especial, la cual está también sujeta a la libertad del concepto bohemio de la playa. Y, dentro de las posibles temáticas, destaca la ambientación marítima basada en los colores claros, con el blanco como tono principal, así como elementos decorativos que hagan referencia a la vida en la costa y su actividad pesquera.

Asimismo, los muebles vintage repartidos sobre la arena, las frutas, las velas, las telas vaporosa, las sombrillas, los toldos, las esterillas, las alfombras de bambú o madera y las plantas son elementos decorativos perfectamente asociados con la playa.

Por otro lado, es muy frecuente que una boda en la costa incluya motivos que evoquen una cultura exótica. El mar invita al descubrimiento, al viaje, a la navegación hacia nuevas culturas y mundos. En este sentido, las referencias mediterráneas, orientales, africanas y sudamericanas son una apuesta segura en materia decorativa.

Las invitaciones de la boda son especialmente importantes en este tipo de celebraciones. En ellas se especificará el tipo de boda y el dress code de la misma, muy diferente al del resto de celebraciones. Y, cómo no, estas invitaciones son la presentación de la boda que los asistentes se van a encontrar, por lo que debe contener elementos de corte marítimo para avisar de todo ello.

Mys Eventos
Foto: Mys Eventos

4. Escoger un vestido más especial

Casi todas las bodas en la playa inspiran una filosofía diferente a la que se respira en la ciudad. Siempre se ha pensado en la playa en clave hippie y bohemia, donde la rectitud de la rutina urbanita se trunca en favor de la relajación, la informalidad y el carpe diem.

Así pues, esta ligereza se aprecia en las indumentarias de los asistentes, sobre todo en las de los novios, que optan por vestidos y trajes vaporosos, lánguidos, blancos (tanto la novia como el novio, aunque no siempre), románticos y con un toque muy boho. Esta apuesta bohemia se combina en las novias con encajes, faldas al vuelo no demasiado largas, tejidos como el lino y complementos como las coronas de flores sobre melenas que huyen de los recogidos. Todo para expresar esa sensación de pureza, paz y libertad inherente a la playa y a la vida en la costa. Aunque, obviamente, cualquier estilo es bienvenido y muchas novias optan por diseños más clásicos que no desentonan en absoluto si se insertan en la filosofía playera y desenfadada.

El novio, por su parte, opta por los trajes blancos o las piezas que, dentro del mismo tono, beben de la misma naturaleza que el traje de la novia. También es típico que ellos porten adornos florales, pulseras y colgantes.

En cuanto al resto de invitados, se puede establecer un protocolo informal relacionado con la vestimenta de los novios, lo que siempre se ha conocido como “boda ibicenca”. Siguiendo un estilo similar, los asistentes elegirían el blanco como tono principal, con sucedáneos que jueguen con dicha tonalidad.

Por otro lado, los tonos pastel o los azules y amarillos son colores que no chirrían en una boda de playa, siempre y cuando no resulten excesivamente llamativos.

Aire Barcelona
Foto: Aire Barcelona

5. Resolver la incógnita del banquete

Teniendo en cuenta todos los factores legales que hemos diseccionado en el primer punto, la posibilidad de organizar el banquete en este espacio estará sujeto a las normas de cada reglamento, playa y ayuntamiento. Pero, en términos generales, recomendamos que se arrincone el banquete tradicional y se apueste por los convites tipo cóctel y bufet. En ellos, los platos deben ser mucho más ligeros y frescos, con el fin de concordar con el ambiente y para ganar en comodidad. Destaca el pescado, los arroces, el marisco, productos a la brasa, gastronomía exótica, zumos y cócteles. Además, este tipo de convites resultan más higiénicos para la naturaleza y sencillos para la organización, asunto clave al tratarse de un terreno menos habitual para este tipo de celebraciones.

En el caso de las playas privadas que pertenecen a fincas o a hoteles, el despliegue puede ser mucho mayor, siempre y cuando se respete al máximo el medio ambiente. Al tratarse de una masa de agua como el mar, cualquier desperdicio se propagaría, desfavoreciendo el hábitat marino de manera general.

Fran Russo
Foto: Fran Russo

La otra opción que se baraja para no perder del todo esa esencia marina es la contratación de los servicios de un restaurante u hotel cercano con vistas al mar. En las terrazas y jardines de estos espacios, la imagen del mar proyectada en el horizonte sigue siendo un auténtico regalo que no reduce la magia marítima de la boda. Asimismo, los establecimientos sin jardines o terrazas suelen estar provistos de cristaleras que ofrecen una imagen similar.

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Comentarios (4)

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